Hace cinco años, escribía esto en mi muro. Lo bueno es que sigue tan vigente como base de mis pensamientos como en ese momento. Me gusta cuando sostengo mi coherencia en alto.
Conclusión de hoy: Qué le decimos a la gentuza...? Copate, man, minita, largá el macromambo de telenovela venezolana clase B que no garpa ni un poco! Ni el amor ni el deseo, ni siquiera la lujuria, son eso que te venden en la pantalla lleno de periplos inefables y sórdidos. Cuando hay ganas y acuerdo, todo debería ser más simple, sin histeria, sin vueltas. Tenemos el don del pensamiento y la palabra. Decisión, intercambio de ideas, acción. Goce!! La época de los Montesco y los Capuleto ya fue. Somos libres. Esa estúpida idea que el amor es ciego y tonto y que sólo vale si escalamos el Everest en sunga/tanga durante la peor tormenta de nieve del milenio para poner la bandera de nuestros sentimientos y deseos en la cima como prueba de lo que vale(mos) es la pelotudez (entonada a lo Violencia Rivas) más grande que siguen sosteniendo. A conectarse con el placer, a construir vínculos reales, superficiales o profundos, pero siempre auténticos!! Revoluciónnnn!!
jueves, 2 de febrero de 2017
jueves, 19 de enero de 2017
En un día como hoy...
Pero en el 2013, Facebook me recuerda que le escribía esto a uno de mis amigos sin etiquetarlo. Como que lanzaba el deseo hacia el universo esperando que se avivara. Tardó pero lo logró.
Me pregunto cuándo vas a recordar que una sola persona no puede cubrir todos los roles de tu vida. Que tampoco es sano, que todos aportan a que seas lo mejor que podés ser.
Que los buenos amigos no son obviedades y pueden no estar mañana. Que te aman pese a todo, pero no pueden tirar solos del barco de la amistad que comparten; que la reciprocidad es uno de esos remos que los hace seguir avanzando. Y que tienen límites que a veces, si los cruzás, no tienen vuelta atrás. Y tienen todo el derecho de que así sea.
Que las prioridades de tu vida no necesitan ser una pirámide cuyo ladrillo principal sea sólo uno; que siendo generoso e inteligente siempre hay más de vos para compartir con quienes querés y seguir creciendo.
Yo sé que lo sabés. Sólo espero y confío que lo recuerdes.
Me pregunto cuándo vas a recordar que una sola persona no puede cubrir todos los roles de tu vida. Que tampoco es sano, que todos aportan a que seas lo mejor que podés ser.
Que los buenos amigos no son obviedades y pueden no estar mañana. Que te aman pese a todo, pero no pueden tirar solos del barco de la amistad que comparten; que la reciprocidad es uno de esos remos que los hace seguir avanzando. Y que tienen límites que a veces, si los cruzás, no tienen vuelta atrás. Y tienen todo el derecho de que así sea.
Que las prioridades de tu vida no necesitan ser una pirámide cuyo ladrillo principal sea sólo uno; que siendo generoso e inteligente siempre hay más de vos para compartir con quienes querés y seguir creciendo.
Yo sé que lo sabés. Sólo espero y confío que lo recuerdes.
martes, 6 de diciembre de 2016
A veces
A veces no sé si reirme o llorar.
Resulta que para mi madre, CUALQUIER oportunidad es buena para conocer un CANDIDATO. Y entonces tenés que estar atenta.
No importa cuántas veces digas que sos feliz como estás y que no estás interesada en conocer a nadie. Indefectiblemente, la fiesta de fin de año del trabajo, un cumpleaños de alguien nuevo, un pariente de un pariente de un pariente que está recientemente separado, TODOS son presentables. Y del otro lado, tu hermana que te pide, medio en joda medio en serio, que no te pongas de novia antes de su casamiento porque no puede pagar otro cubierto. Vamos joya.
Y no importa cuántas veces le digas a tus viejos que estás sola a tus casi 33 y que te chupa un huevo ponerte con alguien en serio. Que estás contenta, haciendo cosas que te hacen feliz y resolviendo los mambos del orto que te fumaste mientras crecías. Porque lo que no le digas a tu madre, ella pensará que se lo decís a tu madrina que es la hija de su madrina. Finalmente, a tu madrina, que es la única del círculo nefasto de adultos que buscan a toda costa casarte con cualquiera (porque llega al punto de la desesperación lo suyo, no falta oportunidad que te quieran revolear un pene por la cabeza), la acribillan a preguntas pensando que ella sabe lo que el resto no. Ella reconfirma lo que los otros creen saber. Pero.
OPFvio que lo sabe. Pero no te lo va a contar ni en pedo.
Resulta que para mi madre, CUALQUIER oportunidad es buena para conocer un CANDIDATO. Y entonces tenés que estar atenta.
No importa cuántas veces digas que sos feliz como estás y que no estás interesada en conocer a nadie. Indefectiblemente, la fiesta de fin de año del trabajo, un cumpleaños de alguien nuevo, un pariente de un pariente de un pariente que está recientemente separado, TODOS son presentables. Y del otro lado, tu hermana que te pide, medio en joda medio en serio, que no te pongas de novia antes de su casamiento porque no puede pagar otro cubierto. Vamos joya.
Y no importa cuántas veces le digas a tus viejos que estás sola a tus casi 33 y que te chupa un huevo ponerte con alguien en serio. Que estás contenta, haciendo cosas que te hacen feliz y resolviendo los mambos del orto que te fumaste mientras crecías. Porque lo que no le digas a tu madre, ella pensará que se lo decís a tu madrina que es la hija de su madrina. Finalmente, a tu madrina, que es la única del círculo nefasto de adultos que buscan a toda costa casarte con cualquiera (porque llega al punto de la desesperación lo suyo, no falta oportunidad que te quieran revolear un pene por la cabeza), la acribillan a preguntas pensando que ella sabe lo que el resto no. Ella reconfirma lo que los otros creen saber. Pero.
OPFvio que lo sabe. Pero no te lo va a contar ni en pedo.
lunes, 7 de noviembre de 2016
jueves, 3 de noviembre de 2016
miércoles, 26 de octubre de 2016
El yogue bebible mío de cada día
Hay una anécdota que, previa a ser confirmada por mi padre, giraba en mi cabeza como una fantasía. En mi película mental yo tenía unos ocho años y luego de una “discusión” con mi progenitor decidí que me iba de casa a vivir con mis abuelos maternos. Papá me agarraba de la mano, me llevaba a la habitación que compartía con mi hermana y hacíamos el bolso. Yo señalaba las cosas que había que poner y remataba la selección con la Fiorella*.
(paréntesis: yo soy la versión humana de Dori (na-da-remos... na-da-remos...). Así que si se preguntan cómo termina la anécdota, se los dejo a la libre imaginación porque en lo que a mí respecta, no recuerdo un pomo. Yo tengo la memoria a corto y largo plazo tremendamente jodida.)
Tuvieron que pasar unos quince años para concretar la idea que se gestó en ese momento. Mas siempre tuve una certeza: quería ser adulta. En mi mente, nada se comparaba con eso. Sabía que el mundo se me abría con posibilidades infinitas con la llegada a la mayoría de edad y las responsabilidades eran bienvenidas porque son el lado B de lo que anhelaba: los derechos. Suelo ir en contra de la corriente. Mientras todos lloraban por el fin del secundario, yo pensaba feliz en el comienzo del CBC. Mientras veo hombres y mujeres que llevan sumados 30 otoños o más viviendo aún con sus padres, padeciendo del síndrome de Peter Pan o amparados en teorías psicológicas que dicen que la adolescencia se extendió en los últimos años hasta los 35, me recuerdo ansiosa de desplegar las alas apenas pasados los 21, temerosa que se me cayeran las plumas si no emprendía vuelo. Me sigo anotando en aventuras. Para mí, ser adulta es un juego.
De todas las paredes compartidas en mi primer tres ambientes alquilado durante casi tres años con amigos, amigas y una ex pareja, voy a conservar por siempre el detalle del yogur bebible en la heladera todos los días. A lo largo de ese tiempo y de los espacios en común, aún hoy en día, tengo la certeza que lo real de una persona se ve en los gestos cotidianos. Que las grandilocuencias las podés armar, planificar y sí, te hacen quedar maravillosamente bien con el otro. Pero lo espontáneo del momento te revela sin caretas la esencia. Sólo si sabés verla; si corrés el velo de la idealización y querés contactar con el otro real, no con la imagen del otro que vos le proyectás. Ese verano viví con Lobo, el ser con el que me identifico a nivel celular. Tenía cada uno su habitación y nuestro living estaba dividido para que él practicara inglés, a su expreso pedido, en dos mitades. En una hablábamos en nuestra lengua nativa y en la otra mitad él practicaba y yo corregía. Teníamos una pizarra de vidrio donde anotar temas de discusión a seguir cuando el sueño nos ganaba bien de madrugada. Podíamos vivir un fin de semana entero sin dirigirnos la atención más que para compartir un mate. Y no, la plata nunca fue un tema de discusión. En todos los gastos comunes íbamos a medias y lo único importante era que siempre estuviese la heladera llena de comida, así que un mes yo me encargaba más que él de eso y el mes siguiente intercambiábamos roles.
Ese verano yo desayunaba un vaso bien frío de yogur bebible y me iba caminando 35 cuadras al trabajo. La primera mañana que me quedé sin yogur, y conociendo a mi compañero de departamento en su despiste cósmico, me hice el post it mental para comprar a la vuelta. Cuán pensada me sentí cuando abrí la heladera al volver a la tarde y encontré dos sachets de yogur de mis sabores favoritos, lavados y listos para engullir. ¡Cuán parte de su cotideaneidad y de su mundo me hizo sentir con ese detalle, él que no deja entrar a nadie! Cuán presente sentí que me tenía con ese gesto. Como amiga, siempre trato de hacerles saber a quienes quiero que estoy. A Lobo le dejaba comida cuando me preparaba mi vianda porque conocía su fiaca para cocinarse algo. Recuerdo la emoción que le agarró el día que lo mandé a acostarse casi como a un hijo, retándolo mientras lo obligaba a tomarse la temperatura y le llevé una sopa a la reina con una aspirina. Y las veces que en medio de uno de mis ataques de síndrome pre menstrual con llanto y gritos se ponía las zapatillas para ir al quiosco de la esquina y traerme una barrita de chocolate que sabía iba a hacer sonreír al monstruo hormonal en el que se convierte esta mujer algún que otro mes...
Qué bien por mi atención lábil, che, que lo único que hace que me llame la atención... son los detalles.
domingo, 16 de octubre de 2016
Negociar
I'm definitely not trading in any aspect of my personality just to establish a sentimental relationship, according to our so-called dating rules, with someone who will ultimately be related to some version of me who's not the actual me.
Definitivamente no negocio ningún aspecto de mi personalidad sólo para entablar una relación sentimental con alguien, de acuerdo a nuestras llamadas reglas de citas, con alguien que en última instancia estará relacionado con alguna versión de mí que no es mi versión real.
Definitivamente no negocio ningún aspecto de mi personalidad sólo para entablar una relación sentimental con alguien, de acuerdo a nuestras llamadas reglas de citas, con alguien que en última instancia estará relacionado con alguna versión de mí que no es mi versión real.
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